A alerta vermella que non era tan vermella

 

Cuando el gallego nivel “creo que lo entiendo” y el invierno gallego se juntan.

El nuevo instituto me manda alertas al móvil. En gallego. Y yo encantada, que así voy aprendiendo.

Mi gallego es… bueno… yo entiendo el gallego. En mi casa no se hablaba en gallego, pero lo he oído desde niña en todas mis vacaciones, en la calle y en la plaza, entender, entendo. He ido mejorándolo escuchando la radio galega e incluso he leído algún libro en gallego, lo que me hace “crecerme” en mi sabiduría.

Este invierno ha sido un festival meteorológico, y cromático. Alertas de todos los colores posibles, a veces varias a la vez, como si se tratara de un cuadro de Frida Kahlo. Pero tengo que deciros que la primera alerta vermella nunca se olvida.

Era un día, una semana más bien, de invierno puro, lluvia a mares, viento que te lleva el alma, tanto el día y la noche más oscuros que la boca de un lobo.

Y de repente llega una alerta del Abalar.

Y aquí tengo que decirlo: Abalar. Cada vez que leo ese nombre pienso en ovejas. No sé por qué. Debe ser cosa mía.

Abro la alerta. Veo “alerta vermella”. Vermella. Roja. Hasta ahí llego. Y yo ya pensando: “Cancelan las clases. Seguro. Vermella es roja, lo peor.”

Pero leo el mensaje entero y dice, literalmente:

Debido á alerta vermella por treboadas e ventos extremos de mañá, informámosvos de que os nenos non sairán ao patio durante o recreo, e deberán permanecer dentro do recinto escolar.

Y yo me quedé asombrada.

Porque claro… ¿vermello non é vermello? ¿Vermello non é “non saias da casa, colle víveres, chama á familia e reza o que sepas”? ¿Vermello non é “apocalipse meteorolóxica”?

Y la medida es… no salir al patio.

Aquí me entran las dudas, igual vermello no es rojo, por muy convencida que yo estuviera.

Le digo a mi hija:

—Nena, ¿vermello no es rojo?

Y ella:

—Sí… creo que sí.

Y yo mirándola como:

—¿Pero no eras TÚ la que tenías clase de gallego en el insti? ¡Que yo lo aprendo con la radio galega!

Ahí ya entré en crisis cromática:

—¿Vermello é vermello?

—¿Ou vermello é o novo amarelo?

—¿Ou o amarelo é o antigo vermello?

—¿Ou isto é como os semáforos galegos, que funcionan por intuición?

Porque sinceramente, yo esperaba algo tipo: “Cierre total del centro”, “Teleclases”, “Refugio antiaéreo”, “Traed botas de agua hasta la cintura”.

Pero no. La solución es: no salir al patio.

Y yo pensando: “Pois mira, igual o meu nivel de galego non é o problema. O problema é que Galicia ten o seu propio sistema de cores meteorolóxicas.”

Y así quedé: aprendiendo galego, sobreviviendo al invierno y descubriendo que una alerta vermella aquí puede significar simplemente:

“Nenos, hoxe xogades dentro.”

 

Entre mareas e retrancas.

Desastriño a veces, navegando sempre.

Outro día máis.

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