Mi abuela, los arco iris y la forma gallega de entender la vida
Aquí llueve mucho. Esto no es novedad. Aquí la lluvia es casi un personaje más: entra sin llamar, se sienta donde quiere y, si se lo permites, te obliga a reorganizar el día sin pedir disculpas. Pero lo que quizá no sepas es que aquí también hay arco iris a pares . Dobles, triples, enteros, cortados, tímidos, descarados… aparecen cuando les da la gana, como todo en Galicia. No obedecen a nadie, y desde luego no se presentan con antelación. Mi abuela decía que los arco iris eran “avisos”. No explicaba de qué, porque las abuelas gallegas no explican: insinúan . Y tú te apañas. A veces creo que lo hacían por deporte, por ver si éramos capaces de descifrar algo que probablemente ni ella tenían claro. Pero lo decían con tanta calma que una acababa creyéndolo igual. Cuando era pequeña, cada vez que aparecía uno, mi abuela se quedaba quieta mirándolo unos momentos. Ella hacía lo suyo: se santiguaba despacio, como quien firma un recibí invisible, y murmuraba un refr...