La triste historia de Pepita, la gaviota del porche
De menú degustación a desaparición misteriosa na praia . Hay días en los que la vida en la playa te sorprende. Y luego está el día en el que te encuentras cuidando de una gaviota herida como un veterinario aficionado, sólo porque pensabas que era un gato. Pepita pasó la noche en el porche. Envuelta en mi mejor toalla, de Pertegaz, como si fuese la reina Letizia el día de su boda. Pero con menos protocolo y público, y comiendo patatas fritas. Porque sí, le brindamos una verdadera cata gastronómica, jamón del bueno, (aprobado), queso (meh), pienso de gato (indiferencia absoluta), patatas fritas (delirio, pasión, amor verdadero…) Pois mira , mejor para mi bolsillo. Que el jamón del bueno mejor me lo como yo. Los niños, con la excusa de cuidar a Pepita, se quedaron a dormir. Durmir, xa. Pasaron la noche saliendo y entrando al porche cada diez minutos, haciendo visitas médicas, diagnósticos fallidos, toma de constantes vitales, observación de la paciente… y charlando hasta l...