Un Tesla Rural
Cuando vas por la carretera general… y aparece un caballo autónomo.
Yo ya estoy acostumbrada a ir por caminos, caminiños y
caminitos. Aquí puedes encontrarte de todo: un jabalí cruzando como si fuera el
dueño del monte, una vaca despistada, un vecino mirando las nubes en medio del
camino… o todo junto, si es martes. Galicia es así, imprevisible pero coherente
consigo misma.
Antes, lo más sorprendente que podía aparecer de repente en
la carretera general era un tractor. Y claro, una veía un tractor e
inevitablemente se ponía a canturrear aquello de “tengo un tractor amarillo…”.
Tradición rural-pop, digamos. Pero un caballo, eso sí que no lo había
visto nunca.
Hasta hoy. Porque hoy… HOY… superamos todos los récords.
Iba yo por la carretera que aquí llamamos “a xeral”,
que ya es nivel pro, porque el límite sube a 50 km/h y todo. Y de repente veo
algo que me hizo dudar de la realidad: un chaval, a caballo, por la
carretera general… y mirando el móvil.
Me quedé con la boca abierta. El caballo, tan tranquilo. El
chaval, tan concentrado en la pantalla. Y yo pensando: “Pois mira, para que
va a mirar él, si ya mira el caballo.”
Era como ver un Tesla, pero versión rural. Un Tesla con
tracción animal, cero emisiones y piloto automático incorporado. El jinete en
modo “scroll infinito” y el caballo en modo “xa sei o camiño”.
Y claro, si con el tractor una canta el tractor amarillo,
con el caballo el cerebro busca automáticamente banda sonora. Y me vino a la
cabeza aquella de la guardería “corre, corre, caballito, corre por la
carretera” retrocediendo de golpe más de diez años mi repertorio musical.
Total, la escena ya era suficientemente surrealista.
Yo ya me imaginaba el diálogo:
El caballo, con calma absoluta: —Tranquilo, que esto lo
llevo yo. Ti mira o TikTok.
El chaval, encantado con la modernidade: —Perfecto, cabalo.
Arre, piloto automático.
Y yo detrás, llorando de la risa dentro del coche. Era tan
surrealista, tan gallego, tan perfecto… que pensé: “Pois mira, isto non o
ves en Madrid nin pagando.”
Seguí mi camino entre risas, retranca y esa sensación
maravillosa de que Galicia es un lugar donde la tecnología y el rural conviven…
á súa maneira.
Entre mareas e retrancas.
Desastriño a veces, navegando sempre.
Outro día máis.
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