Cuando una lo da todo pero la otra parte no coopera
Las plantas y yo tenemos una relación complicada. Yo lo intento, de verdad que lo intento. Les pongo cariño, atención, música, conversación… Y ellas, nada. Non cooperan. Y además son dramáticas, pero dramáticas nivel “me desmayo en la maceta porque la vida é moi dura”.
El problema es que nunca sé qué les pasa. ¿Les falta agua? ¿Les sobra? ¿Les falta sol? ¿Les sobra? (esto último en Galicia sería un milagro digno de Fátima). ¿Quieren sombra? ¿Quieren luz indirecta? ¿Quieren terapia de pareja conmigo?
Yo hago lo que puedo:
Les hablo: —Venga, nena, anímate un poco.
Les canto (yo desafino mucho pero intención no me falta): —Mira que te pongo
a Luar na Lubre, eh…
Las saco al sol: —A ver si te entra la vitamina D, que estás más pálida que
yo en febrero.
Las riego: —“Non te queixarás, que isto é auga de Galicia, de pozo premium.”
Y aun así, nada. Ni un brote. Ni una alegría. Ni un “gracias por intentarlo”. Una hoja caída y gracias.
Y cuando ya no sé qué hacer, hago lo que haría cualquier persona desesperada en 2026: le pregunto a una IA qué le pasa a mi planta. La IA me dice: “puede ser exceso de riego, falta de riego, demasiado sol, poco sol, estrés, frío, calor, humedad o sequedad”.
Vamos, que tampoco coopera.
Mora, desde su trono felino, lo ve todo. Me mira, mira a las plantas, y con
esa cara de “eu xa o sabía” parece decirme:
—Nena… estas plantas son máis dramáticas ca ti. Y eso ya es decir.
El otro día una estaba tan pocha que pensé que igual necesitaba espacio, aire, independencia. La cambié de sitio. La puse en la ventana. La giré hacia el sol. La giré hacia la sombra. La giré hacia Portugal por si acaso.
Nada. Y ahí fue cuando lo entendí:
cuando una da, pero la otra no… mal imos.
Porque yo puedo ser desastriño, sí, pero por lo menos coopero. Pongo de mi parte. Intento. Me esfuerzo. Las plantas no. Las plantas son como esas personas que te dicen “sí, sí, todo bien” mientras se marchitan por dentro y te dejan a ti con la culpa.
A veces pienso que mi abuela, que tenía un don para las plantas, me mira desde donde esté y dice: —Nena… déixate de historias. Ti non tes man.
Y yo, que la escucho aunque no esté, le respondo: —Pois igual non, avoa.
Pero vontade teño.
Y sigo. Porque soy así: cabezota, optimista, desastriño… pero persistente.
Algún día tendré una planta que coopere. Una que diga: “Vale, imos aló, vou medrar un pouco.” Mientras tanto, seguiré regando, hablando, cantando y poniendo todo de mí. Aunque ellas no cooperen.
Y Mora, desde su sitio, seguirá mirando y diciendo: “Non é que non cooperen… é que ti non tes man”
Entre mareas e retrancas.
Desastriño a veces, navegando sempre.
Outro día máis.
Comentarios
Publicar un comentario